17
Pájaro
Donovan ama la brisa, como acaricia su cabello, sus ojos se secan un poco pero por eso si los cierra es mejor.
El viento le deja saber que se cocina en el barrio, que tan húmedo va a ser el día, se da cuenta que con todo este viento su cabello está muy largo, revolotea sin control por todos lados, como su ropa.
Mira las azoteas de todos los hogares debajo, son decenas aún ¿en cuál caerá? Ojalá en uno con fascistas, le cagan.
Los últimos 5 minutos de su día han sido muy especiales. Conoció al amor de su vida, cumplió su sueño más profundo y nunca había tenido tanto propósito en su cuerpo.
Es una locura pensar que lo único que quería hacer hoy era comerse un gansito. Tantos días en sus 29 años en los que quería un gansito, tantas veces que dijo mejor mañana, pero hoy, hoy por alguna razón lo hizo.
Caminó las 4 cuadras que detesta del barrio en el que creció y del que nunca ha podido salir solidificando así su fracaso de manera real y tangible.
Una cucaracha se le subió en el pelo y peleó primero con ella para que lo dejar en paz y después con las nauseas un poco por lo mismo.
Llegando al oxxo preguntó de inmediato si había gansitos congelados a lo que una voz siniestra del fondo del cascarón en obra negra que es la tiendita de don Ramiro le contestó “no sé, revisa el refri”
Y sí, había dos, pero uno estaba aplastado y el quería uno sólido, le gusta morder lo crujiente, pero también es glotón mejor que sobre. Deja el dinero sobre la vitrina y abre el sólido, lo admira, perfecto y reflejante hasta cierto punto, un poco de condensación en el chocolate, lo engulle de una sola mordida no quiere arriesgar a que se derrita.
Tanto sabor en algo tan pequeño, genial. Camina de vuelta a su casa y siente una brisa pequeña, como algo que viene de arriba, se mete el gansito roto a la boca y voltea hacia arriba, descubre un helicóptero que está a dos metros de su cabeza, no hace ruido pero el viento se revuelve en un instante, sus pelos se alborotan y se le llena de chocolate toda la cara.
Hilda forcejea con el piloto que sangra de un lado del cuello, es obvio que el quiere estrellar el vehículo y ella salvarse.
Se miran un segundo, Donovan ha visto suficiente anime para saber que procede, se sube al helicóptero y avienta al piloto al suelo.
Cae y se desangra de inmediato, Hilda se pone a manejar el helicóptero y suben al cielo. “Gracias”
Donovan ve como se aleja del piso, de la cuadra, de la colonia, de la ciudad. Aún con medio gansito en la boca. “dedada”
Hilda le extiende la mano. “Mucho gusto, soy Hilda” Donovan le extiende la mano. “Do doy dodovad”
Le da un firme apretón de manos y pilotea hacia lo que parece ser la estratosfera, Donovan ve la curvatura de la tierra. Se saca el gansito de la boca, se pregunta si traen fenta o que.
Se lo come de todos modos. “A donde vamos o qué”
Hilda sigue subiendo. “Lo más lejos posible de ellos” Señala hacia atrás, Donovan ve a unos soldados en trajes militares con turbinas en los pies y brazos que vuelan hacia ellos.
“Ah”
Se sienta en donde va el copiloto, es muy incómodo. “¿Y luego me puedes llevar a mi casa? No urge ni nada pero es que tengo que colgar la ropa porque si no luego se apesta”
Hilda no escuchó realmente lo que dijo, está pensando en cómo va a hacer que el resto de la humanidad sobreviva con lo que tiene ahora en su poder, son demasiados soldados, el crew está muerto y lo único que tiene aparte de este helicóptero moribundo y el ícono es al muchacho cara de chocolate que no deja de hablar.
“¿Sabes operar un game boy?” Donovan no sabe que es un game boy.
“Si”
Hilda se para y gira, sostiene el volante con la cadera y la palanca con un pie, saca una pistola gigante para su manita y le dispara a los soldados, caen dos. Se regresa a su posición. Los otros les disparan y le dan al helicóptero en varios lados, huele a quemado y hace calor.
Donovan está mareado. Hilda se ve cansada, lo mira un segundo. “Mira, toma esto” Le da un game boy. “Enciéndelo, juega tetris, pierde y aprietas replay, todo esto antes de que toques el piso y todo va a estar bien.”
Donovan ve el aparato que se le hace familiar pero no sabe bien de donde. Hilda lo ve ser estúpido, lo besa. “Si no lo haces bien, nadie va a poder ayudarnos.” El no entiende nada, antes de que pueda preguntar algo ella lo patea en el pecho y cae del otro lado del helicóptero.
Está tan lejos del piso que se distrae con la vista. No deja de pensar en los suaves labios de Hilda. El helicóptero se estrella con el resto de los soldados generando una burbuja de fuego que se expande como virus por las nubes.
Donovan siente el calor en la espalda y la brisa en la cara. Jamás se había sentido tan vivo.
Cada ves está más cerca del piso, siente que olvida algo.

