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Paquetes
Su corazón late tan fuerte que la cama parece gelatina. Ve sombras al fondo de su departamento y se para de golpe, la adrenalina hace que busque el cuchillo que está debajo de su cama.
“¿Quién está ahí?”
El piso de manera cruje como alguien que aún parado tiene incidencia en el suelo.
Se mueve suave pegado a la pared, mira por la puerta a ver si distingue algo, pero no ve nada, solo sintió un movimiento.
Empuña con fuerza el cuchillo, se desvanece un poco el miedo y siente un golpe de poder en la cabeza.
Ahora quiere que sí haya alguien, quiere usar el mal humor de este despertar en alguien, el cuchillo en sus manos amplifica la sed de sangre.
El metal parece expandirse hacia sus dedos, el frío del metal lo distrae un poco, mira como el cuchillo fornica con su mano, la posee, la vuelve suya.
Su mano es ahora un cuchillo, con sierrita como el del aguacate, delgado, se decepciona un poco pero duda menos de su capacidad de asesinar a esta pesadilla.
Atraviesa el umbral de la puerta y ahí está, un ser enorme, 2 metros de altura, olor a carne asada, músculos de juguete, lo único que no está en sombra es uno de sus ojos que brilla color amarillo.
Se escucha su respiración alterada, hay mucha flema en ese sistema respiratorio. El ojo de la criatura no parpadea pero si llora.
Se miran con intensidad, él alcanza a murmurar. “¿Qué quieres de mi?” La criatura solo lo mira con cautela mientras que se le acerca lento blandiendo su mano cuchillo.
“No creas que te tengo miedo, te he visto antes”
La criatura sonríe con el ojo, escurren más lágrimas.
“Te he soñado antes, te he matado antes ¿por qué sigues regresando?”
La criatura en un movimiento feroz lo ahorca y lo levanta del cuello. Él le cercena la mano y cae al piso, la mano se queda ahorcándolo.
El chillido de dolor y sangre verde que lo salpica todo le dificultan más la tarea de abrir esa mano y escapar.
Corta los dedos de la mano y se le avienta encima a la criatura, le clava la mano en el ojo, al sacarlo se trae consigo el ojo y el cerebro de la criatura, ya no le va a poder contestar qué quiere.
Se limpia la mano con el taparrabos de la criatura y se regresa a la cama, es hora de dormir, mañana tiene que entregar el presupuesto del trimestre y no ha ni empezado.
Duerme suave en un baño de gloria sangrienta.
Despierta en lo que parece un instante, los pájaros cantan y el sol entra por la ventana, es un día brillante.
Se estira con mucho sabor, la boca le sabe a metal. Mira su mano, el cuchillo sigue ahí. Se pica la costilla con la punta, sangra un poco, sigue ahí.
Corre a la sala, huele muy mal, el cuerpo putrefacto de la criatura sigue ahí, miles de moscas se lo comen.
Abre la ventana y vomita hacia la calle, baña a unas ratas que peleaban por una cucaracha moribunda. Ahora todas tienen qué comer.
No entiende que sucede, va al baño a ver su cara.
Se echa agua con la mano buena y trata de asimilar lo que sucede, necesita hacer algo con el cadáver, nunca había estado en esta situación antes.
La puerta suena, alguien toca muy duro.
El pánico se le trepa sin descanso y corre a ver quien es.
Antes de que pueda ver quien es tiran la puerta, es la policía y una vecina.
“yo lo vi todo, lo mató sin razón alguna, solo estaba parado ahí, ni siquiera le dijo nada”
Los policías lo golpean, cae al piso y se defiende con su mano de cuchillo, corta a uno pero los demás lo patean hasta dejarlo inconsciente, tiene varios huesos rotos y entiende aún menos.
La vecina regaña a lo policías. “Se tardaron mucho oigan”
El comandante la mira y sin un gramo de autoconsciencia le responde “Tenemos mucho que hacer seño ¿Usted cree que este es el único pendejo que sigue soñando?”
La vecina se rasca las branquias. “No sé, yo solo vivo aquí”

